Drones militares: riesgos y ventajas

Los drones son vehículos aéreos no tripulados o bien controlados por pilotos desde tierra que pueden encontrarse a miles de quilómetros de distancia del aparato, o bien que siguen una misión programada de manera autónoma. El primer ataque con un dron a un objetivo militar fue llevado a cabo por la CIA en 2002. Desde entonces se han ejecutado centenares de ataques y el debate acerca de los riesgos y las ventajas de este sistema de combate no ha hecho más que crecer.

La principal ventaja es su coste. Los drones son aparatos de alta tecnología pero al no requerir pilotaje su coste se reduce considerablemente, los soldados son más caros. La cifra varía según las fuentes, pero se sitúa entre los 10 y los 12 millones de dólares, o bien 3.250$ por hora de vuelo. Para calcular los costes también se tiene en cuenta que no habrá bajas ni heridos en el propio ejército y que no será necesario el apoyo a los veteranos de guerra (piernas biónicas, por ejemplo) ni habrá costes sociales (suicidios, estrés post traumático, indigencia). Veremos que no es exactamente así.

Fuente: Business Week
Fuente: Bloomberg Businessweek

Al otro lado, el primer inconveniente al que nos enfrentamos al intentar determinar la conveniencia del uso de drones militares es la escasa información sobre los ataques llevados a cabo con esta tecnología. Hay organismos independientes que investigan este tema, como The Bureau of Investigative Journalism o Drone Wars UK, y que acumulan interesantes y contrastados datos que ponen en evidencia la falsedad de las ventajas de los drones expuestas desde instancias políticas y militares.

Además del coste, la eficacia de los drones es la ventaja más invocada por las empresas que los fabrican y los gobiernos que los compran y los usan. Los drones permiten matar más terroristas, permiten alcanzar objetivos seleccionados (targeted killing) minimizando las víctimas civiles y no causan bajas. Las autoridades militares y políticas hablan del dron como de un instrumento quirúrgico de guerra capaz de extirpar el “tumor” que nos acecha, el terrorismo islamista (el concepto de lucha contra el terrorismo islamista es otra cuestión, aunque también relacionada con este tema). Sin embargo, diferentes investigaciones ponen en cuestión esta proclamada eficacia.

Fuente: The Bureau of Investigative Journalism
Fuente: The Bureau of Investigative Journalism

De acuerdo con los datos de The Bureau of Investigative Journalism, los drones matan centenares de civiles. Esta organización determinó que sólo el 4% de las víctimas en Pakistan eran miembros de Al Qaeda. Las operaciones con drones consisten en un soldado vigilando durante 12 horas un lugar remoto cuyas costumbres desconoce en el que se supone que hay terroristas a los que identifican, por ejemplo, por la ropa, la barba, la altura o el lugar en el que se encuentran en un determinado momento. Un hombre adulto con barba es automáticamente considerado terrorista. Además, existe poca información sobre la identidad de las víctimas de los ataques con drones, una tarea que llevan a cabo periodistas y organizaciones sin ánimo de lucro y que arrojan datos escalofriantes.

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Otra de las críticas lanzadas desde varios sectores al uso de drones es que asimilan la guerra con un videojuego. El soldado que dispara está delante de una pantalla con un joystick que pulsa cuando encuentra su objetivo. Muchos de los ataques son ataques no planificados, es decir, que los militares, desde lugares como Nevada en el caso de Estados Unidos, salen literalmente a la caza de terroristas en Pakistán, Yemen, Siria o Iraq.

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Fuente: The New York Times

No existe un protocolo establecido para autorizar el uso de drones para la guerra. La CIA asegura que actúa con esta tecnología cuando hay riesgo de una amenaza inminente (no necesariamente en Estados Unidos), cuando la captura del objetivo no es viable porque la zona es peligrosa o impracticable y siempre que sea de acuerdo a las leyes internacionales, que avalan el targeted killing si hay una amenaza inminente contra la vida humana, un hecho que no se ha producido en muchos de los ataques que se han llevado a cabo en Pakistán y Yemen.

Otro aspecto a tener en cuenta es el apoyo social al uso de drones militares, que en Estados Unidos alcanza el 65%. Este respaldo es negativo en primer lugar porque responde a una imagen errónea del funcionamiento y de las consecuencias de esta tecnología. Pero además, es un factor que facilita el lanzamiento de operaciones militares y las intervenciones en guerras por parte de los gobiernos. Desplegar tropas en zonas en conflicto es altamente impopular y tiene un coste electoral importante en buena medida por el peligro en que se pone a los jóvenes militares de un país. Los vehículos no tripulados rebajan este peligro. Así, es más fácil de justificar ante la opinión pública una operación corta con vehículos sin pilotos que una operación a medio o largo plazo con tropas situadas en un escenario de guerra tradicional.

Otro de los aspectos más criticados de los drones es el miedo y la inestabilidad que generan en las zonas donde se llevan a cabo los ataques. La amenaza de un dron se oye. Es una especie de zumbido que planea sobre pueblos y ciudades sin que las personas que lo oyen sepan en qué momento se va a lanzar el ataque ni hacia donde se va a dirigir. Lo que sí conocen perfectamente son los efectos de los misiles y las bombas que lanzan los drones.

Fuente: The Newyorker
Fuente: The Newyorker

Las víctimas también son los soldados. El argumento de que los ataques con vehículos no tripulados no causan bajas en el propio ejército es falso. Se multiplican las investigaciones sobre los efectos de las guerras videojuego en la salud mental de los soldados que participan en este tipo de operaciones. El norteamericano Brandon Bryant, de 29 años, asegura que ha matado directamente a 13 personas como ex piloto de drones y que ha ayudado a matar a más 1.600, y mantiene que sufre estrés post traumático y cree que los espíritus de las personas que ha matado le acecharán hasta la muerte.

Fuente: TIME
Fuente: TIME

En conclusión, por el momento existen más riesgos que ventajas en el uso de drones militares, si bien los argumentos a favor de esta tecnología como arma son más poderosos: el económico y la falsa creencia de que son más eficaces en cuanto a conseguir matar a “los malos” y mantener “a salvo” a los buenos.

Aquest article és fruit d’un treball per a l’assignatura d’Economia i Conflicte de l’especialització en Conflictes polítics i armats del màster en Conflictologia de la UOC.

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