Oriol Jara: ‘SUPERMAN, el sin papeles’

Oriol Jara és guionista, escriptor i comanche. Avui, també col·laborador de reporterarossa.com #worthreading

Este fin de semana la red ha implosionado con la publicación del tráiler de ‘Batman v Superman’, la nueva película de superhéroes que promete romper taquillas el año que viene. Apreciaciones cinéfilas a parte, la pieza apunta como eje dramático un tema de brutal actualidad: la inmigración. Por lo traspiran esos dos minutos escasos, una de las líneas narrativas de la películas será la desconfianza, la sospecha e incluso la rabia que genera en la gente el hecho de que Superman sea “extranjero”. Alguien que, por el mero hecho de no haber nacido “aquí”, es presuntamente culpable.

Ironías del destino, el tráiler se ha publicado el mismo fin de semana en que la inmigración vuelve a ocupar las portadas de TODOS los periódicos por un naufragio en el Mediterráneo.

Todo ello me ha llevado, por inercia, a recordar unas palabras del ganador del premio Pulitzer, Michael Chabon: “Superman es un inmigrante judío arquetípico”.

Repasemos cuatro datos: Superman es un refugiado que huye de Kriptón ante el peligro de perder la vida en su planeta de origen. Superman llega a los Estados Unidos durante la depresión causada por el Crack de 1929 y vive en ese país como un americano más. A pesar de ello, a medida que crece, se da cuenta de que es distinto, de que goza de habilidades que no posee la gente que le rodea y, paralelamente, de que carece de cosas que sí tienen los americanos. Es importante porque “la diferencia” (no sólo física sinó también ética y cultural) es un punto crucial y nuclear en los cómics de Superman.

En 1938, la editorial DC-National decidió publicar las viñetas de dos jóvenes judíos llamados Jerry Siegel y Joe Shuster, dos chicos de familia rusa y holandesa respectivamente, que se habían establecido en los Estados Unidos y Canadá durante los años convulsos del principio del siglo XX. La historia de las familias de Siegel y Shuster son similares a la experiencia de tantos otros judíos llegados a América durante ese período. Ambas abandonaron el este de Europa cuando las cosas empezaron a ponerse realmente peligrosas para sus vidas. Los pogromos en Rusia amenazaban con liquidar, físicamente, a los hebreos que vivían bajo la autoridad del Zar. Como Kriptón, el mundo de los judíos europeos también tocaba a su fin.

Llegados a América, Jerry y Joe crecieron y se educaron como americanos en todos los sentidos. Ahora bien, a medida que crecieron, sus diferencias salieron a la luz. Diferencias éticas y culturales que trazaban una línea entre ellos y el resto de personas con las que convivían. Americanos todos, pero de distintos orígenes.

Superman es, de hecho, el primer superhéroe moderno y, a la vez, es un superhéroe profundamente paralelo a la experiencia de millones de inmigrantes.  Superman es el modelo de la superación del desarraigo. Es el modelo de aquel inmigrante que, por convicción, acaba convirtiéndose en el más firme defensor de los valores universales de su país de acogida. Pero Superman es también la representación ideal de los judíos que huyeron de una Europa que se descomponía y aterrizaron en una América que empezaba a florecer en el escenario mundial.

Lógicamente (al menos si usamos el razonamiento más sencillo) los jóvenes Jerry y Joe no crearon un Superman judío de manera premeditada. Parece lógico pensar que esos dos críos no tenían una intención política o social subyacente, pero desde luego el trasfondo de la inmigración (la llegada a un país donde la mayoría comparte unos parámetros culturales ligeramente distintos a los de tu familia) y el trauma de un cierto desarraigo son absolutamente compartidos entre la experiencia de la inmigración y la vida de Clark Kent (Superman).

Incluso, como apuntaba el doctor Jeff Malka en una conferencia ofrecida en Barcelona, el uso de dos nombres (uno para los hebreos y otro para los cristianos) resulta usual en algunos momentos de la historia del pueblo judío. Así mismo, Superman usa un nombre judío, Kar El, y un nombre cristiano, Clark Kent.

Un  comentario último pero bastante curioso: algunos nombres de origen judío son identificables por el “EL” final. Así lo puntualizaba el rabino neoyorquino Simcha Weinstein, quien asegura que la historia de Superman bebe directamente de la tradición y el ideario del pueblo judío. “Es judío. Kal-El (nombre de Superman en su planeta de origen, Kriptón) es un vocablo hebreo que significa la voz de Dios“.

No es un pájaro ni un avión.

Enlace al artículo en elSingular.cat.

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