Mi madre es independentista

Mi madre piensa en castellano. Me riñe en castellano. Escribe mayoritariamente en castellano, porque el catalán aprendió a escribirlo con una gran voluntad hace muy poquito. También grita (porque grita bastante, así de natural) en castellano, y mucho más cuando se siente atacada o siente que atacan a alguno de los suyos.

Mi madre es charnega, que es como se llama a los hijos de migrantes andaluces y murcianos que nacieron en Cataluña. Su padre, de Málaga. Su madre, de la Mediana de San Pedro, en Barcelona (ahora Sant Pere Mitjà). Con el tiempo, el concepto de charnego ha cambiado mucho y por suerte hace años que dejó de ser peyorativo para ser un orgullo, una riqueza que suma a la identidad catalana.

Mi madre es de izquierdas de toda la vida. De pequeña le pregunté la diferencia entre izquierda y derecha y despejó mis dudas con un ejemplo que hoy en día no podría ser más pertinente: “Imagina que tienes dos casas, pero sólo vives en una. Si fueras de derechas te daría igual que otra persona no tuviera casa, te importaría más el hecho de que las casas son tuyas. Si fueras de izquierdas le dejarías tu segunda casa a quien no la tiene”.

Mi madre nunca ha sido independentista. Ni siquiera sabía que había independentistas de toda la vida. Ahora conoce a algunos, pero conoce todavía a más independentistas conversos que sin buscarlas han dado con las razones y las emociones que les han llevado a este punto de no retorno. Y todos tienen algo mucho más valioso que cualquier promesa o amenaza económica: ilusión.

Mi madre lucha contra las injusticias y exige que las administraciones cumplan con sus deberes. Usa todas sus armas para conseguir lo que cree que le corresponde a ella o al sinnúmero de personas a las que ayuda con papeleos varios. Mi madre, MI MADRE, consiguió a fuerza de mucha insistencia cambiar el sistema de acceso a los cursos que ofrecía la Diputació de Barcelona porque era tan perverso que sólo beneficiaba a los que ya estaban dentro.

Mi madre es pensionista. Se ha adaptado a presupuestos muy diversos a lo largo de su vida y ha desarrollado un sistema de control de las finanzas domésticas que haría entrar en vereda a más de un gobierno. Siendo pensionista, se negó a pagar un euro por receta que consideraba injusto y absurdo. Siendo pensionista, está dispuesta a aceptar una rebaja si eso significa que a todos los demás nos irá mejor.

Mi madre es independentista. Empezó hartándose de cumplidos como “qué simpática eres, no pareces catalana”, seguramente llenos de muy buena intención y una pizca de ignorancia. Luego se interesó por aquello de las balanzas fiscales y a partir de ahí su grado de afinidad hacia el independentismo ha ido creciendo con la inestimable ayuda de los tertulianos de trinchera que circulan por los medios del estado. Mi madre cree que en una Cataluña independiente viviremos mejor y dice convencida que ella pondrá “la bandera y la cartera”, porque sabe que ricos el día uno no seremos. Dice que en una Cataluña independiente seguirá pensando en castellano y honrando la tierra de su padre como buena charnega. Dice que los ciudadanos, como ella, dictarán los valores de una Cataluña independiente y combatirán las injusticias con más eficacia y con mucha más ilusión.

Mi madre siempre tiene razón.

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4 respostes a “Mi madre es independentista

  1. tu madre y la mia y la de otros muchos lo que pasa es que eso no nos lo dejan contar asi que nosotros adelante a contarlo viva tu madre la mia y todas esas madres xarnegas

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